Noticias - 11 Octubre 2016
El placer de servir (en salud)

“Toda naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco” - Gabriela Mistral.

Por: Mauricio Flores, Kinesiólogo.

 

“Toda naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco”

Así comienza uno de los poemas más icónicos de Gabriela Mistral, uno que nos invita a recordar que incluso Dios se podría llamar: “el que sirve”. Sin embargo, al chileno parece habérsele olvidado ese goce por servir a los demás, por ser útil para la sociedad y disfrutar de los desafíos personales como un pequeño aporte al conjunto, mucho mayor, que actualmente son alrededor de 18.000.000 de personas.

Los ejemplos abundan en el día a día. En la mala atención de cualquier servicio de este país, sea un café de la esquina o en un banco, como los médicos llegan tarde sin ningún reparo para con sus pacientes, como los estudiantes entregan tarde sus trabajos o los profesores envían tarde las notas, en como las grandes empresas eluden impuestos y como el pequeño empresario no entrega boleta para no pagar IVA.

Parece ser que al chileno le gusta evitar hacer bien su trabajo, muchas veces simplemente no trabaja por completo, ven al usuario (a un “legítimo otro” como diría Maturana) como una molestia y olvidan que es justamente su responsabilidad atenderlo, de la mejor manera y en el menor tiempo posible. Si cada quien hiciera bien aquello que debe hacer ¿tendríamos un país más justo? ¿Confiaríamos más en nuestros compatriotas? ¿Nos respetaríamos más? Como dijo el gran Coco Legrand en el festival de Viña, si cada chileno hiciera bien lo que tiene que hacer ¿“este Chile sería otro Chile”?. Por ahora queda solo espacio para especular al respecto, ya que hemos olvidado las palabras y ejemplo de nuestra más destacada poeta, y hemos desterrado el anhelo de servicio por el anhelo de ser servidos, atendidos y mantenidos por el esfuerzo de otros en vez del propio, por sentirnos con el derecho de exigir todo a los demás, pero no tener ni la más mínima intención de entregar a los demás aquello que exigimos se nos entregue, “que nos den todo, pero yo no doy nada”. Esa parece ser la consigna chilena, ejemplificada tristemente en el actuar de los políticos y grandes empresarios de este país, que hacen lo que quieren, cuando quieren y se salen con la suya, una y otra vez.

Enorme es la crítica y el descredito de los políticos chilenos hoy en día. “La peor crisis política e institucional que ha tenido Chile” afirmó Ricardo Lagos hace algunas semanas. Me parece que la desconfianza no es más que el ejemplo de que el chileno, en cualquier situación, tiende a aprovecharse del poder que se le confía. Cree que el poder es suyo y olvida que es prestado, que se le entrega la responsabilidad de tomar decisiones y asignar recursos, pero que es una atribución entregada por los demás para con él y no una posesión personal, como lo es un auto o una casa. Aquél con poder se debe a los demás, el poder en sí mismo, no se puede ejercer si no existen otros sobre quienes ejercer las decisiones tomadas, aquel que cree que es poderoso olvida que sólo será poderoso en la medida en que intimide o los demás le entreguen su confianza. Se supone que la democracia se basa en la segunda…

Pero pastelero a tus pasteles, como kinesiólogo que soy me parece que quienes no podemos olvidar la responsabilidad depositada en nuestras manos y en las decisiones que tomamos somos los profesional de la salud. ¿por qué? ¿si ni siquiera la presidente es capaz de hacer bien su trabajo? Porque los cambios parten desde la unidad más pequeña de la sociedad, desde individuos decididos a actuar de una forma determinada. Y porque la confianza que se nos entrega como prestadores de servicios en salud es la de aliviar los males de personas que sufren. Ni más ni menos. Es una responsabilidad. Es una instancia de ejercicio de poder. Tomamos decisiones (clínicas) y asignamos recursos (interconsultas, exámenes, prescripción de fármacos, dietas, ejercicio). Ejercemos poder, pero con el objetivo de aliviar a otros de sus males. Es un poder prestado, el de vivir de atender a otros de la mejor manera posible y con la mejor evidencia a disposición. El médico que cree que está sobre los demás por ser médico (o enfermero, kinesiólogo, dentista o cualquiera) está completamente equivocado. Ud sr(a), se debe a los demás.

El economista se puede abstraer de la realidad entre números y cifras. El arquitecto puede deambular entre diseños, ángulos y materiales en su oficina u hogar. El ingeniero puede concentrarse en la mejor solución para un complejo problema. Todos ellos pueden aportar a la sociedad sin estar frente a frente a ninguna persona en su día a día, pero el profesional de salud está trabajando siempre con seres sintientes que sufren, muchas veces abatidos por sentimientos de desolación, confusión y miedo. No podemos dejar de empatizar ni de recordar que estudiamos y ejercemos para ayudar a los demás: al extraño, al vecino, a la madre. No podemos olvidar que en cualquier momento nos puede tocar a nosotros estar en esa misma situación y sufrir las mismas condiciones: dolor, miedo, incertidumbre.

No me malentienda. No es que crea que hay que entregarlo todo y no recibir nada a cambio. El sistema de salud chileno es un desastre en muchos aspectos. Existe una tremenda sobrecarga de los profesionales y técnicos que trabajan en esa área, muchos de ellos sobreexplotados y desprotegidos. Pero los cambios comienzan de abajo, como el árbol o el edificio. Debido a nuestro rol en la sociedad debemos ser un ejemplo de cambio, de jamás olvidar que servimos a la sociedad y no al revés. Partiendo desde allí, podemos exigir mejoras en nuestra condición para cumplir nuestra tarea hacia el conjunto total que es la sociedad chilena completa. Desde la humildad y el placer de servir.

Juan Pablo II sintetiza la idea del desarrollo de los pueblos en una sola frase: “amor por el trabajo bien hecho”. Hagamos cada uno de nosotros bien lo que debemos hacer y saldremos adelante como país.

Como dijo Gabriela “…no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios”. No por nada se le llama “Servicio de Salud”. No caiga en el error de hay que cambiarlo todo para mejorar el sistema de salud, con pequeños servicios, se puede cambiar el mundo. O al menos Chile, que en este caso, bastaría.