Noticias - 2 Mayo 2016
¿Qué tan importante es la funcionalidad de un paciente?

Debemos responder a las necesidades del paciente, responder a su contexto funcional y entender que la funcionalidad no depende de una patología ni de los patrones sociales establecidos. Una invitación a ver a los pacientes más allá de la dicotomía salud/enfermedad.

Por: Javiera Escobar Inostroza, kinesióloga.

Ilustración: Carlos Vergara.

 

Quienes hemos ingresado a estudiar una carrera del área de salud con mucha frecuencia escuchamos sobre el modelo salud/enfermedad, un camino en donde el ser humano transcurre toda su vida.

Sin embargo, nos empezamos a encontrar con pacientes que han vivido inmersos en el cuadrante de la enfermedad y, en teoría, nunca han vislumbrado la salud.

¿Será importante para los pacientes estar dentro de este cuadrante de salud? ¿Será que somos nosotros quienes no comprendemos que su estado de “enfermedad” es una condición en la que también podemos mantener la funcionalidad y, por sobre todo, la dignidad del individuo?

Al iniciar la carrera formativa se nos plantea el modelo de la función y la disfunción, lo que nos amplia este concepto biomédico. Es entonces cuando aparecen nuevos cuadrantes en los que vemos que la funcionalidad puede llegar a ser compatible con la enfermedad y la disfunción puede convivir con la salud.

Imagen: Diagrama Función-Disfunción.

 

Quizás estas ideas son difíciles de entender en un principio, sin embargo, con el paso de los años se van haciendo más comprensibles. ¿Cómo? Aquí unos ejemplos claros.

Un paciente crónico que el único ambiente que conoce son las salas de los hospitales y sus visitas más frecuentes son las de los profesionales de la salud, niños que dentro de toda su compleja enfermedad siguen siendo niños, por tanto quieren jugar, quieren moverse, caminar y correr. Pacientes que desde la mirada de salud y enfermedad buscaban mantenerse estables, con su vía área permeable y ojalá sin escaras, viéndolos desde la función son niños que quieren experimentar y quieren descubrir su cuerpo y movimientos, que si son entrenados y estimulados pueden mantenerse funcionales dentro de su condición.

Los adultos mayores son un grupo de nuestra población que cada vez aumenta en número y, como sociedad, nos hacemos menos cargo de sus necesidades. Son pacientes que, a pesar de presentar diversas patologías, siguen siendo funcionales y, por sobre todo, siguen intentando salvaguardad su dignidad.

Pero no solo son aquellos que padecen una patología desde temprana edad quienes entran a esta clasificación, sino que es un estado que todos podremos alcanzar si no nos mantenemos activos.

La función es un estado en el cual uno convive con salud o enfermedad pero que permite al sujeto seguir realizándose como persona. A pesar de su condición es un estado que permite mantener la dignidad del individuo y sus limitantes deberían estar dadas solo por él mismo, no por su entorno, no por sus tratantes. Lo que nos permite entender que solo somos quienes podemos acompañar este proceso y no somos quienes decidimos el futuro del sujeto.

Mi profesora Bernardita una vez me contaba que participo de un congreso de familias y pacientes con hijos que padecían patologías neurológicas, ellos daban a conocer su experiencia de los tratamientos que habían tenido sus hijos al resto de los participantes. Una mamá comentaba que desde que su pequeña había nacido con hemiplejia había estado en tratamiento con distintos profesionales, sumando a estos las nuevas intervenciones con implementos tecnológicos, que le permitieran mantenerse en posición bípeda sin mayor problema.

Sin embargo, nunca la había visto disfrutar esta condición tan esperada para toda la familia. Un día decidió trabajar con otro tipo de tratamiento, uno que buscaba moverse por sí misma pero sin el uso de ningún implemento externo, el hito más alto que alcanzaba la chica era estar en cuatro apoyos y gatear, para muchos familiares y quizás para la sociedad este podría ser un gran retroceso, pasar de estar de pie con toda la tecnología que pudiese haber, a estar en un posición de menor complejidad. Pero era la primera vez que la madre veía a que su hija sonreía cada vez que se movía.

Es por esto que debemos responder a las necesidades del paciente, responder a su contexto funcional y entender que la funcionalidad no depende de una patología ni de los patrones sociales establecidos. Depende del sujeto y nosotros solo somos quienes les ayudamos a encontrar las herramientas para lograr su independencia.